Caligrafía de la prueba escrita de las oposiciones de magisterio.


Cómo pasé de sacar un tres a casi un diez cambiando mi letra.

¡Muy buenas, opositoras! ¿Qué tal esas ojeras? bueno, ya verás cómo todo esfuerzo tiene su recompensa y te sacas la plaza, ¿Habría alguna mayor que esa?

Hoy os vengo a hablar sobre el primer test que vas a pasar en tu oposiciones, desde un punto de vista totalmente diferente al que estarás acostumbrada a escuchar, pero primero veamos por qué debes prestar atención a este primer “encontronazo” con el tribunal y del que debes salir bien parada.

La prueba escrita de las oposiciones para el cuerpo de maestros o de profesores es la parte más importante de tu oposición por muchos motivos.

El estudio de los temas te ha llevado más tiempo que el de elaborar la programación didáctica.

Es la primera prueba y puede determinar tu estado de ánimo para el resto de tu oposición. Si te sale un gran examen tu moral estará por las nubes.

Te puede dar el pasaporte a la siguiente fase de la oposición, si es eliminatoria, solamente pasaréis a la parte de la exposición oral los afortunados que aprobéis el examen escrito.

La gran olvidada del examen escrito de las oposiciones y la parte más importante, bajo mi punto de vista es la presentación. Aunque sólo cuente unas décimas tiene un gran peso en cómo los miembro del tribunal van a mirar el contenido de tu prueba.

Hoy os voy a contar una historia, de cómo pasé de sacar un tres en las primeras oposiciones a sacar un nueve con dos en 2011.

Julio de 2005, lloro desconsolado en mi cama, sabiendo que todos mis familiares y amigos me iban a a preguntar en los próximos días la nota que había sacado en el primer examen de las oposiciones. Un tres.

Todo un año preparando en la academia de oposiciones, muchas jornadas estudiando en la biblioteca, miles ilusiones puestas tras haber escrito casi treinta páginas de un tema que me sabía perfectamente.

Tras ese momento de hundimiento y frustración tomo una de las decisiones que cambiarían mi futuro. Decido ir a la revisión del examen.

El panorama era desolador, varios opositores con caras largas.

Destacaban una pareja de opositoras que eran gemelas, una había aprobado y la otra no. La que había aprobado lloraba al ver a su hermana fuera del proceso. Todo un drama familiar

Allí estaba yo, deseando salir corriendo y volver a mi casa. No quería que me contaran lo mal que lo había hecho.

La indignación inicial de haber suspendido lo que para mí era un examen perfecto había quedado reducida a miedo al ridículo.

“Muy mala letra, otro tribunal no se lo hubiera leído”.- Miembro de un tribunal de las oposiciones de 2005.

Esta sencilla frase queme golpeó como un martillo pilón, acabó siendo una semilla que luego florecería.

Incredulidad. Caminaba hacia mi casa sin creerme lo que acababa de escuchar, ¿la letra? Si la presentación tenía muy poco peso en el global de la nota. No llegaba a un punto.

A lo largo de mi vida académica, desde primaria (para los más puretas la EGB), pasando por el instituto y llegando a la Universidad, me habían comentado que tenía mala letra.

Era algo que yo tenía asumido, “tengo mala letra”, pero siempre había sido algo secundario, accesorio. Mientras que me supiera el contenido y lo plasmara no había problema.

Al principio me parecía algo imposible, ¿cambiar mi letra? ¿Cómo iba a cambiar mi letra?

Yo la tenía mala, tirando a garabato. Costaba entenderla y echaba para atrás tenerse que leer algo que iba a costar tanto trabajo.

Todo el mundo sabe que hay dos tipos de personas, los que tienen el don de la buena letra y que fueron bendecidos desde su nacimiento por obra y gracia del todopoderoso. Y el otro grupo, entre el que me encontraba yo, era el que no teníamos buena letra y aunque todo el mundo nos lo recordaba cuando leían algo de nuestro puño y letra. Nos aceptan tal y como somos. ¿Qué íbamos a hacer si habíamos nacido así?

Era una de las creencias limitantes que antes tenía. Mi letra era así y ya está.

Un año después comienzo a prepararme de nuevo las oposiciones, e introduzco una variable: le dedico unos minutos al día a cambiar mi letra.

Algo que me hubiera parecido de ciencia ficción si me lo hubieran contado unos años antes.

Identifica tus errores

Lo primero que hice es escribir una carilla a un tiro normal, no demasiado lento, porque así me hubiera salido una mejor letra.

Comienzo a detectar los errores que me gustaría mejorar.

La letra “a” me sale demasiado abierta, debo procurar cerrarla.

Los palitos de las letras “p”, “j” y los alargo demasiado. Casi se juntan con las letras del siguiente renglón.

Cambio en general la forma de mi letra, intento que sea lo más parecida a la grafía de los niños.

Comienzo a escribir como me quería que quedara mi letra, al principio muy lento. Para no descuidar los detalles.

Al repasar anoto así puedo seguir practicando mi nueva letra.

Voy cogiendo soltura, ya no escribo tan lento.

Le enseño un folio escrito por mí a un amigo que sacó la plaza a la primera y que sé que su presentación era muy buena.

Le gusta la letra y la haría un poco más grande. De esa manera al tribunal le resultaría más fácil de leer y atractiva. De camino el número de folios aumentaba.

En esa época trabajaba en unos grandes almacenes vendiendo libros, a veces tenía que rellenar unas fichas a mano cuando me encargaban un  libro. Obviamente trataba de escribir lo mejor posible. Y lo conseguía, algunos clientes me comentaron que tenía muy buena letra. Cosa que no me había pasado en la vida.

Las siguientes oposiciones de 2007 fueron un éxito, saqué poco más de un siete, lo que me proporcionó la oportunidad de comenzar a trabajar de interino en noviembre de ese mismo año.

Todo un triunfo, más teniendo en cuenta mi primera experiencia en la que me fulminaron en el primer examen. Créeme si te digo que en gran parte se lo debo al cambio de letra.

Tu examen es como un producto que vas a vender, y ese producto debe de ser atractivo para el que lo va a comprar. Si tu ves una manzana que está hecha una porquería y no te entra por el ojo, por mucho alimento que tenga la vas a dejar en la tienda.

Evalúa tu letra, piensa si puedes mejorar algo. Si crees que tienes posibilidades intenta mejorar, por poco que parezca.

Resumiendo


  • Realiza un diagnóstico de tu letra.
  • Localiza los aspectos en los que podría mejorar.
  • Comienza a practicar. Practica, practica y practica.
  • Muestra tus avances a compañeros o familiares y que te den su opinión.
  • Intenta que tu letra se parezca a la grafía de los cuadernos de pautas.
  • Agranda tu letra, que no sea demasiado pequeña, hará que tu examen sea más apetecible de leer

Estoy pensando en hacer una segunda parte de este artículo, donde te contaré el salto definitivo que di en 2011 en cuanto a la presentación de mi prueba escrita y que me hizo sacar casi un diez.

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  1. El repaso o cómo dejar de olvidar el temario | Jonatan Cárdenas - 17 agosto, 2016

    […] dediqué a estudiar unos esquemas, como ten conté en este artículo creía que no me había ido mal, recuerod que el repaso lo haría de mala manera, releyendo los […]

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